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lunes, 14 de octubre de 2013

Eggcakes o webochos

Lo tenía pendiente, muy pendiente. Lo ví aquí y pensé "tengo que hacerlo". Es más, tengo que hacerlo y dar el cambiazo. Mi plan consistía en darle el cambiazo a un amigo que solía hacernos tortilla e invitarnos a desayunar después de salir de fiesta, aproximadamente a eso de las 6 de la mañana. Siempre hacía las tortillas con un par de copitas de más. Era la broma perfecta. 

Pero aquellas desayunos se interrumpieron (prefiero pensar eso a decir que se acabaron) por azares del destino. Pero aún así, la idea me seguía dando vueltas por la cabeza, era demasiado buena para dejarla escapar. 

Y después de que otro colega me hablara de un bizcocho de yogur con trocitos (los del yogur, se entiende), decidí reclutar a mi pinche habitual y ponerlo en práctica: Mis eggcakes. O webochos. O la mejor broma jamás pensada.




INGREDIENTES Y RECETA

Vuelvo otra vez a recuperar una receta de hace un par de meses (del verano concretamente) y me doy cuenta de que no la apunté. (¿Dónde están los iconillos con la cara de vergüenza?). Total, que hice estos webochos con una receta de bizcocho ¿pero cuál? Así que voy a improvisar un poco la explicación (lo sientooooooooo). Hacemos una receta de bizcocho (una que os guste), con la peculiaridad que repartimos la masa por la mitad. A una de las mitades le agregaremos un yogur desnatado con trozos de fresa y un poco de mermelada de fresa. A la otra mitad yo le eché yogur desnatado de melocotón y un poco de mermelada de melocotón. Eso es en lo referente a la masa.

La forma de hacerlos es sencilla. A cada uno de los huevos, le hacemos con un palito (yo usé un palo de brocheta de metal), aproximadamente como un meñique de ancho (el mío es pequeño, pero pensad que cuanto más pequeño sea el agujero, más complicado será rellenarlos). No debería ser un proceso complicado, a mi no se me rompió ninguno. Vaciamos los huevos. Pensad que las claras y las yemas de las que nos estamos deshaciendo nos pueden servir (si no todas, al menos, alguna) para la masa del bizcocho. Lavamos un poco con agua. En un recipente hondo echamos agua y sal (a 100 gramos de sal por litro de agua) y dejamos los huevos durante una hora, para quitarles porquería y contenido. Como están vacíos, flotarán, así que los rellenamos con ese mismo agua.

Después de una hora, los secamos bien. Hay que aceitar el interior, para que no se pegue la masa a la cáscara. Pero tampoco nos pasemos, con asegurarnos que las paredes interiores del huevo están bien barnizadas ya está. Lo más laborioso es el proceso de rellenar los huevos. Puede llegar a ser un poco coñazo, al menos hasta encontrar el método. Podéis probar con embudos, con jeringas, con cuentagotas gordotes... no hay truco, el truco es encontrar la fórmula propia para que se haga menos pesado.

Los iremos poniendo en una bandeja de horno. Como muy estables no son (Lo que me recuerda, ¿conocéis la historia de cómo consiguió Colón convencer a los Reyes Católicos para que le dieran toda la pasta para ir a la India? Consiguió que un huevo se mantuviera de pie. Pero eso solo se consigue dando unos golpecitos suaves en una de las bases. Y yo no quería que se estropearan las cáscaras), yo puse papel de aluminio alrededor, para sostenerlos.


La mayoría de recetas de bizcochos llevan levadura, y éstos no son la excepción. Por eso es también importante el agujero, para que no reviente la cáscara. Si la masa consigue sobresalir a través del agujero podemos estar tranquilos.

La cocción debe ser a temperatura algo más suave de lo que haríamos el bizcocho (a unos 120º en vez de los 180º habituales) para mantener contenido y recipiente (las cáscaras controladas).

La prueba del palito podemos seguir haciéndola igual. Una vez los saquemos del horno y antes de que se enfríen por completo, debemos limpiar la cáscara de la masa que se haya quedado fuera. Si la puedes quitar directamente, mejor; si no, con un trapo húmedo.




RESULTADO

Primero quiero enseñaros lo que hice con lo que me sobró de masa (tenía pocas cáscaras de huevo para tanta masa). ¡La convertí en un superosito!


A lo que iba, que es el resultado. A posteriori quizá les hubiera dejado un tiempo más en el horno (pero como siempre me suele pillar el toro). Aunque quedaron jugosos. Mi pinche (y asimismo betatester principal) estaba encantado. Con la masa, que siempre tengo que vigilar que no se la zampe, como con los bizcochos. Estaban jugosos y le parecían originales. La mermelada, además, le da el toque de jugosidad extra (A algunos de los experimentos les eché una cucharada extra para que hiciera betas)

En este punto, tengo que admitir una cosa. Es que al final, la broma se la comió él. Y eso que al día siguiente le avisé, te voy a dar el cambiazo. Se lo dije, pero media hora más tarde, cuando quiso hacerse una tortilla se le había olvidado. Lo gracioso es que cuando cascó el huevo, sin fijarse en el agujerillo de abajo (como podéis ver en la foto, es imposible adivinar cuáles son huevos cocinados y cuáles no), puso cara de horror, no entendía porqué no salía el huevo normal, crudo.

Lo que me pude reír...

¿Adivináis cuál es el webocho? Pues los dos más cercanos al objetivo son falsos huevos crudos






Como se puede ver, éste era de melocotón

Ñaaaaaaaaaaaaaam

PELÍCULA

Una vez más, voy a recurrir a mis escasos lectores para preguntar, ¿qué película me recomiendan para ésta receta? Es que Chicken Run no me hace especial tilín.

viernes, 9 de marzo de 2012

Bizcochos Jaspeados de Chocolate y Fresas

Bueno, lo primero de todo: Buenos días!


Sí, sigo viva y no me han amputado las manos tampoco, pero entre que soy tirando a vaga y que tengo poco tiempo libre... Pues eso, que aquí estoy, desde aquel primer y lejano post de bienvenida para traer uno de los pocos experimentos que he ido recopilando.

La receta que traigo a continuación fue utilizada como postre para niñas, así que me empeñé en que fuese blanco, con chocolate y fresas y muuuy esponjoso. Y dulce, claro. Ante todo tendréis que disculpar la falta de fotos, en este y en mis siguientes post vamos a andar un poco escasos de ellas.


Perdón por a calidad de la foto... Aquí la buttercream se estaba derritiendo
y el fondant quedó ajado por el calor, pero sólo eran para comer, no para enseñar XD


INGREDIENTES Y ÚTILES

Útiles
· Moldes. Sí, lo sé. Suena a perogrullo, pero tenemos que tener en cuenta cuántos vamos a hacer y de qué tamaño. Yo utilicé tres medianos, con forma semioval y no sobró apenas nada de masa.
· Palillos. Palillos everywhere. ¿Por qué? Para medir si están hechos o no, para mezclar el chocolate con el resto del bizcocho, para sujetar la fruta al postre...
· Lengua. No la nuestra. Bueno, no para cocinar al menos. Pero este utensilio es mágico y especial para mí y lo uso muchísimo.
· 5 boles. Uno grande para la masa, dos medianos para el chocolate y la buttercream y dos pequeños para la pasta de chocolate que mezclaremos con el bizcocho y las fresas troceadas.
· Tenedor y batidora. Los englobo en lo mismo, porque los uso para lo mismo.
· Rodillo. Para alisar la fondant es indispensable.
· Alisador. En principio para que nuestro fondant quede perfecto, pero se puede utilizar para el chocolate de coberturas también.
· Manga pastelera. Tenemos que hacer virguerías con nuestra buttercream!

Para la masa
· Un yogurth griego. El propio envase del yogurth será la medida, suelen ser 125gr, pero depende de la marca que cojamos aumentará el tamaño.
· 3/4 partes de la medida de un yogurth de nata líquida. Personalmente suelo utilizar la que viene preparada para montar.
· Dos medidas y media de harina. Manías personales, suelo usar la de repostería.
· Dos medidas de azúcar.
· 3 huevos.
· Una medida de Cacao en polvo. Yo prefiero Neskuik, porque se mezcla mejor.
· Mermelada de fresa.
· Un sobre de levadura. Siguiendo con las manías, prefiero la de Vahiné.

Para la cobertura
· Fondant blanco.
· Chocolate con leche para postres. Una tableta por pastelillo que queramos hacer si el molde es grande.
· Media medida de nata líquida.
· Una nuez de mantequilla.

Para la buttercream.
· 200gr de mantequilla.
· 300gr de azúcar glass. Porque con azúcar normal queda muy rico, pero crujiente.
· Un par de fresas naturales.


RECETA

· La masa
Ante todo, precalentamos el horno a 200º. Yo suelo poner una alarma de diez minutos, y pasado ese tiempo, lo bajo a 180º.
Cuando escojamos los moldes, hay que tener en cuenta que se deben enmantequillar y enharinar bien, porque a la hora de sacar nuestro postre va a ser un cristo si no.
En un bol, ponemos el yogurth, la nata y el azúcar y batimos de forma suave hasta que esté ligado perfectamente y nos quede una pasta cremosa. A continuación incluimos la harina y batimos de nuevo. Yo suelo utilizar primero un tenedor y después la batidora, para que la harina no nos salte por toda la cocina. (Que sí, me ha ocurrido)
Cuando tengamos una pasta decente, echamos dos de los huevos y la levadura y volvemos a batir.
En un cuenco aparte, mezclamos el huevo que hemos reservado y el chocolate en polvo, hasta que tengamos una pasta y no quede polvo de chocolate por ningún lado.
Cuando tengamos todo a punto, echamos en los moldes la masa de yogurth, nata y demás. Después, con cuidado y un palillo, vertemos la pasta de chocolate y removemos: Cuando el bizcocho esté listo y lo cortemos, saldrán unos dibujos jaspeados de color chocolate.
Esperamos unos 15-20 minutos a que queden cuajaditos y el palillo salga limpio.
Una vez sacados del horno, y después de esperar unos minutos a que se enfríen, desmoldamos y les vaciamos la mitad superior: Ahí metermos la mermelada de fresa. Tapamos de nuevo y los dejamos traquilos a que se enfríen del todo.

· La cobertura
En una olla pequeña, echamos las tabletas de chocolate, la mantequilla y la nata y a fuego lento, vamos removiendo hasta que los ingredientes se mezclen totalmente y nos quede una masa ligera pero consistente.
Con los bizcochos ya preparados, vertemos la pasta por encima con ayuda de la lengua y hacemos que se cubran enteros. Una vez cubiertos, los metemos a la nevera para que el chocolate se enfríe del todo.
En una superficie plana cortamos la parte del fondant que vayamos a utilizar y la aplanamos con el rodillo. Personalmente no me gusta que sea muy gordo, pero como eso va según manías personales, os invito a probar grosores hasta dar con el que os guste.
Como era la primera vez que utilizaba fondant y no sabía muy bien cómo trasladarlo, puse un film transparente entre la mesa y él para colocarlo encima de los bizcochos con mayor comodidad.
Quedó bastante plano y no hizo falta adaptarlo mucho, pero sí que os recomiendo que tengáis a mano un alisador por si acaso.

· La buttercream
Es importante que tengamos la mantequilla a temperatura ambiente durante todo el proceso de cocina, porque va a ser mucho más fácil de utilizar y mezclar.
Personalmente me encanta mezclar con fruta natural la buttercream: Le da un sabor diferente y si no tienes colorantes (como era mi caso en ese momento) le da unos tonos pastel muy bonitos. Pero vamos a ello, que comienzo a desvariar y no termino.
Como recomendación, yo parto la mantequilla en láminas finas, porque así será más fácil mezclar. Cuando la tengamos ya en un bol, echamos el azúcar glas (poco a poco, porque al ser más polvo que azúcar, así evitaremos que salte por los aires) y batimos a una velocidad moderada. Lo ideal para la buttercream es que tenga consistencia de pasta de dientes.
En otro bol diferente, troceamos las fresas y hacemos pulpa con ellas; una vez conseguido vertemos en el bol de la buttercream y volvemos a batir.
El resultado será una buttercream rosada con trocitos de fresa (lo suficientemente pequeños como para pasar por la boquilla de la manga pastelera pero con el color rojo de la fresa y su textura).

· La decoración
Cuando ya tengamos la buttercream lista y los bizcochos cubiertos por el fondant y fríos, llega lo divertido: Ponemos la crema mantequillosa en nuestra manga pastelera y decoramos como nos de la gana.
Personalmente puse en la parte superior un pequeño nido de buttercream y sobre ésta, una fresa natural entera.


PELÍCULA

Esto era para tres niñas adorables, y hay una película que me marcó cuando yo era una niña adorable (porque por íncreible que parezca también lo fui). Es la primera que me vino a la cabeza cuando pensé en películas infantiles, porque aunque no hubiese muchos pasteles en esa época, aún hoy me parece muy dulce.

En busca del Valle Encantado - 1988



Dirigida por Don Bluth, con guión de Stu Krieger (Historia: Tony Geiss, Judy Freudberg), esta película era una de mis favoritas de niña: Tenía dinosaurios (obsesión infantil no del todo olvidada), era de dibujos y los protagonistas eran los dinosaurios chiquititos! Eso me encantaba, porque eran los niños los que hacían las cosas, los que tenían que luchar por conseguir lo que querían.

Lo que nos cuenta la historia es el final de los dinosaurios y cómo éstos buscan una tierra nueva que se rumorea que está a salvo de las desdichas que asolan sus territorios. Después del nacimiento de un pequeño brachiosaurus (Piecito) o "cuellilargo", la manada entera se pone en marcha para llegar a esa tierra prometida. Pero, pasan cosas que hacen que Piecito se separe de su manada y se encuentre solo y perdido. El caso es que poco a poco, va encontrando nuevos amigos que como él, están solos o han sido abandonados y juntos deciden ir en busca del Valle Encantado por su cuenta propia.

Es una película para niños y como tal, para los sobrinos, las hijas, los nietos y las primas pequeñas la recomiendo. Porque a mí me hizo soñar, me hizo dibujar dinosaurios por todos lados y la historia, aunque simple, me hizo creer que los niños también tienen su valor y su fuerza.
Sé que puede parecer una tontería, pero pienso que para los críos es muy importante saber que aunque no sean "grandes" de ellos dependen cosas y por ende, también pueden hacer otras. Que la amistad es importante, porque lo que no logra un individuo, pueden lograrlo muchos y que hay que transigir con las cabezonerías de los demás, porque así los demás tragarán las nuestras.

martes, 3 de enero de 2012

Noche de zombies y popcakes

El pasado viernes 23 (pasado de viernes, pasado de semana, pasado de 23 y ¡pasado de año!) decidí que iba a celebrar mi cumpleaños y que no podía si no agasajar a mis invitados con mi nueva mejor obsesión. Y hacer fiestas temáticas es la nueva mejor moda. Había avisado con poco tiempo de antelación y demasiado rebuscado no iba a calar, hasta que me ofrecieron la solución. Ale, iba a ser ¡una fiesta zombie! Así, que dale al rec (sí, ese botón con el círculo rojo) y... ¡grabando!





El presunto resultado





INGREDIENTES



Para la masa de bizcocho de yogur:


- 1 yogur griego


- 1 medida de yogur (usamos el vasito del yogur para medirlo) de aceite de oliva


- 2 medidas de yogur de azúcar


- 3 medidas de yogur de harina


- 3 huevos


- 1 sobre de levadura


Para el montaje:


-Nutella
- Una nuez de mantequilla



Para la decoración:


- Chocolate blanco
- Colorantes


- Palitos (no es un ingrediente, pero para el montaje, son esenciales)
- Rotulador negro comestible




RECETA


Vamos poniendo el horno a precalentar a 180º.
Echamos el contenido del yogur en un bol y usamos el botecito para medir el resto de ingredientes. Al bol le adjuntamos los huevos con el azúcar y lo batimos todo. Tamizamos la harina con la levadura mientras seguimos revolviendo hasta que quede todo bien mezcladito.





Cuando tengamos una masa homogénea, la ponemos en un molde. Yo usé uno de silicona, que nos evita el enharinado y enmantequillado.











Cuando pongamos la masa en los moldes, hay que evitar llenarlo hasta el borde, porque luego se va a desparramar. Yo aproveché lo que me sobraba de masa para hacer unos muñecotes muy simpáticos y unas dentaduras que fueran a juego con la temática.



Los metemos al horno durante aproximadamente 30-35 minutos y hacemos la prueba del palito. Pinchamos en el bizcocho y si sale limpio es que ya está hecho. Dejamos enfriar todos los bizcochos hasta que una vez fríos podemos desmoldarlos. Estos son los muñecotes y las dentaduras:



Una vez enfriado y desmoldado el bizcocho que vamos a usar para los popcakes, lo vamos a desmenuzar con las manos hasta hacerlo miguitas.








Lo que se ve de fondo es la masa de las galletas



Una vez hecho esto, vamos a mezclar en un bol la nutella con la pizquita de la mantequilla para rebajar el sabor de la nutella. Se la vamos a ir adjuntado a nuestras miguitas poco a poco, hasta que no admita más. Tiene que tener una consistencia que permita hacer bolitas con ella. Tiene que ser pegajoso, pero que se mantengan unidas.








A partir de aquí ya no tengo fotos... Pero bueno, las metemos en el frigorífico como cerca de una hora, para que endurezcan las bolitas.



En un bol derretimos el chocolate blanco, con cuidado de que queden grumos, tiene que quedar líquido. Si empiezan a salir grumos, no se va a poder arreglar, así que hay que tener cuidado con este paso.


Cogemos cada una de las bolitas y bañamos su culo en chocolate blanco y les clavamos el palito. Disfruta del proceso, piensa en toda esa gente a la que no puedes ni ver... XD Esto lo vamos a hacer para fijar la bolita al palito y vamos a esperar a que el chocolate se solidifique.


Agarrando cada palito vamos a untar la bola en el chocolate. Dale vueltas para quitar el sobrante y déjalas secar otra vez.


Separa el chocolate blanco en cuenquitos y échale a cada uno unas gotitas para hacer los colores de los iris de los ojos: verde, azul y/o marrón.


Dependidendo de qué color quieres el iris de cada ojo, coge el palo y mete ligeramente la bolita, de forma que solo tenga un círculo con el nuevo chocolate coloreado. Déjalo secar otra vez y con el rotulador negro pínta el círculo de la pupila. Si tienes uno rojo, puedes pintarle venitas también.




RESULTADO


Yo empezaba a gritar ya medio histérica antes de que hubiera empezado la fiesta. Prisas y estrés, malos pinches en la repostería y en cualquier cosa en general (aunque en cambio sí tengo que agradecerle a Andrea esa mano en la cocina.) Y se notó.



Resulta que los moldes de silicona de las dentaduras no eran de horno y tuvimos que despedirlas con lágrimas en los ojos (el humo es lo que tiene); los popcakes llevan su tiempo, especialmente de nevera para que vayan endureciendo y tiempo es lo que no teníamos así que no hubo forma de que no se desmenuzaran al intentar untarlos en chocolate blanco (no pudieron ser todo lo que yo tenía pensado para ellos, no fueron ojos empalados) pero estaban igual de ricos aunque me los pusieron boca abajo y era difícil cogerlos; por una mala comunicación la buttercream para el segundo bizcocho acabó dentro del segundo bizcocho (que entre pitos y flautas no cuajó; eso sí, como bizcocho con salsa de chocolate daba el pego)... Después del primer susto de la masa de los bizcochos, también decidimos hacer también galletas ya que aparentemente teníamos todos los ingredientes, pero no era cierto, porque nos faltaba ni más ni menos que el azúcar. ¡El azúcar! Nada más y nada menos que el azúcar. Solución: ingienería de cocina, miel en vez de azúcar.



Mucho estrés y miedo escénico a que saliera mal, después de la acogida positivísima que había tenido la temática. Y el horno no es al que estoy acostumbrada. Así que un poco desastrosa la ejecución del proyecto, un poco desastrosa la presentación, pero el sabor como de costumbre obtuvo su aprobado (No quedó mucho. Normal, después de que pasara una horda de zombies...)


Curiosamente saben mucho mejor un par de días después...






PELÍCULA



¿Han puesto a grabar? Desvelemos la película...













"Paco, grábalo todo, por tu puta madre..."





Se trata de REC, una peli de zombies. Española, además. Está dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza. Podría definirse como película coral, o lo que es lo mismo, de varios personajes. Porque claro, todos son igual de prescindibles. Aún así, mencionar especialmente a Manuela Velasco como la periodista que acompaña a los bomberos.







Las películas de terror y yo nunca nos hemos llevado bien. Pero probablemente, ésta marcó una diferencia para mi. La vi con unos amigos entre los que yo no era la persona que más se acojonaba y eso me supuso pensar que si ya había otra persona que se acojonaba, ¿para qué iba a hacerlo yo? Aunque realmente el valor de la película para mi es otro: toda la primera parte me recuerda mucho a otra de mis aficiones, el rol en vivo. Pero llegaremos, como todo.



Lo primero que llama la atención es que se trata de una película española, que extrañamente, tiene un pase. Y me explico. Si a la mayoría de la gente le hablas de cine español, lo más probable es que eche espumarajos por la boca, pero con esta película no ocurre. Gustó, en general.


Argumentalmente no esconde un gran secreto. Una periodista en un programa de esos de seguimiento, acompaña a unos bomberos durante la noche. Reciben una llamada de una anciana que se ha quedado encerrada en su piso, pero cuando llegan al portal (que bien podría ser tu ciudad), todos los vecinos están muy asustados. Una misión rutinaria que se acaba transformando en un infierno. Cuando la situación se desborda, descubren que las autoridades han puesto el piso en cuarentena y no pueden salir.



A partir de una premisa simple, vamos descubriendo cómo son los vecinos y las relaciones que hay entre ellos. Y zombies, muchos zombies. Aunque habría que hablar de infectados, que estos corren y bastante. No, espera, habría que hablar de... spoiler. (Actualmente tiene una segunda parte: un grupo de policías entra junto con un médico al edificio a los 15 minutos de acabar la primera parte, para controlar que todo esté bien, aunque paralelamente se cuelan en el edificio un par de personas que no deberían estar allí).



Está rodada como un falso documental, aunque desde el principio sepamos como espectador que estamos viendo una obra de ficción. Avanzamos por la película desde el punto de vista del cámara que acompaña a la periodista, a través del objetivo del aparato. Y eso permite varios juegos: los inflarrojos, el juego de cams de Rec2... Un ejercicio de metacine. Lenguaje de cámaras dentro de una obra grabada con una cámara. De hecho, esa forma de lenguaje hizo que se barajaran diferentes opciones para el título (“Bombers”, Bomberos en catalán; “Duración: 70 minutos”, con una cuenta atrás que al acabarse finalizaría la película; “Origen”, lo que hubiera sido cómico porque hace no demasiado se rodó una película americana con el mismo nombre…)

La película se rodó tan en secreto, con cámaras digitales de alta definición y móviles de última generación (que no suelen ser el material normal en un rodaje), que ni siquiera los actores sabían lo que iba a pasar en la gran mayoría de as escenas. Los sustos y las sorpresas también lo eran para ellos, asegurando así que sus reacciones son reales y realistas. Lo que supone un esfuerzo extra a la hora de grabar, porque esas escenas tenían que salir bien en la primera toma. Por otra parte, eso dejaba algo más de libertad en el guión, y cambiaron alguna cosilla en el rodaje mismo (cosa que en la mayoría de producciones suele acabar en desastre). Quizá un poco caótico sí que fue. Cuando a los vecinos se les pregunta donde vive una familia y responde cada uno una cosa diferente fue improvisado. O cuando el montador de sonido se deja un pequeño archivo de sonido olvidado en la pista (en un momento dado se oye una cabra).

En la película hay un monstruo final, siempre lo hay. En ésta se trata de la niña Medeiros, en homenaje al cantante Glenn Medeiros. Es bastante curioso, como la primera vez que vemos a la niña es a través de una fotografía de comunión, y casualmente era la de la sobrina del señor Balagueró. Después, cuando volvemos a verla, la niña es interpretada por un señor después de pasar 8 o 9 horas en maquillaje. (Mención especial para el maquillaje, que merece especialmente la pena, a pesar de que no se puede apreciar del todo debido a las cámaras). Javier Botet padece síndrome de Marfan. Es una enfermedad hereditaria que no afecta negativamente a la inteligencia, pero le hace presentar unas extremidades más largas de lo normal.

Respecto al rol en vivo, es curioso como esta película tiene tanta relación con un vivo, en el que los personajes están puestos en un espacio del que no pueden salir, cada uno con sus conflictos, sus malos rollos y simpatías con los vecinos. Que eso tiene tanto peso en la trama como lo puedan tener los zombies en sí.

Tengo que reconocer que la segunda parte no me gustó tanto, porque en los primeros 15 minutos dan la explicación de lo que ocurre. Y yo soy partidaria de sugerir, no de mostrar.



También es comentable como Manuela (la actriz que da vida a la periodista) nunca supo cómo acababa la película. Existen al menos, 3 finales alternativos. Por no hacer un spoiler, solo hablaré del último, en el que la película se acaba porque se acaba la batería.

Por como acaba la segunda película, a mi me sobra la tercera parte, a punto de estrenar. Ya no es posible mantener el lenguaje que llevaban las dos primeras, el horror sale a la calle y no creo que sea posible mantener esa sensación de claustrofobia que crean las dos primeras partes, de hecho REC fur rodado entero en el 34 de la Rambla de Catalunya (Barcelona), nada de decorados. Pero ya se sabe, el humor es repetir lo mismo hasta que deje de tener gracia. Ah, no, espera, el éxito es repetir lo mismo hasta que deja de tenerlo. A mi me sobra.