lunes, 4 de noviembre de 2013

Decepciones cupcakeras en Salamanca



Hoy no traigo una receta, si no otra pequeña crítica. Este fin de semana pasado, bajé a Salamanca por razones personales y visto que últimamente me ha dado por el turismo repostero (escaso, que mi nivel de bolsillo tampoco da para más), pues aproveché.

Había curioseado por Internet y encontré "Gula cooking", un local donde venden cositas, se hacen cursos y venden piezas de respostería. Empiezo a pensar que lo de probar cupcakes del mundo es de las cosas que más ilusión me hacen cuando viajo por ahí. Consumir ingentes calorías en formato de cupcake... 

Total, que tenía esta tienda fichada desde el momento en el que organicé el viaje. Lo primero que tengo que pedir es que no me volvías a dejar entrar en un sitio de esos salvo que haya una razón de fuerza mayor (por ejemplo, que tenga dinero para gastar), porque me lo voy a comprar todo, o casi. Tengo que decir en mi defensa, que aunque me compré un par de cosas porque eran monas o me gustaron, parte del desembolso tuvo que ver con mi AIG.

Pero cuando toca la reseña literaria, ay... aborrezco hacer críticas malas, pero toca. Pasé a eso de las 5 de la tarde, y solo tenían un tipo de cupcake. Bizcocho de vainilla con una buttercream de oreo. Bueno, la mini-oreo estaba rancia. La masa era en realidad ¡de bizcocho! (¿saben eso de que las proporciones son diferentes? Y la buttercream empalagaba... Y yo que iba con toda mi ilusión... De precio, más barato que en otros (1,8 euros), pero la calidad pues para mi que no era la necesaria.

También compramos macarons, y eso sí fue un error. Teóricamente había de varios sabores, pero a la hora de la verdad, faltaban un par de ellos, supongo que casualidades de la vida, los que más nos interesaban. También hubo una pequeña discrepancia entre lo que dijo que nos había metido en la bolsita y los sabores que de verdad compramos. Se equivocó en los sabores que nos vendió. Eran baratos (cada uno 0,8 euros), pero sinceramente... eran gomosos. Solo se salvaba ligeramente el de limón, pero tuvimos que tirar un par de ellos después del primer pequeño bocado.

Lo cierto es que el sitio estaba más enfocado a vender instrumental o ingredientes que a los pequeños bocados. Pero claro, si están disponibles para vender, lo mínimo que esperas es que estén buenos, ¿no?

La decoración no era uno de esos sitios de cuento, o con un detalle cuidado, o con algo que destacara. Era correcta. Y punto. Y la dependienta... pues sin llegar a ser borde o desagradable, o... destacaba por no tener esa amabilidad extraña de las dependientas de las tiendas de cupcakes, ¿sabéis de lo que hablo? La típica dependienta que en otra clase de establecimiento sería amable y eficaz, pero que en una tienda de dulces llama la atención.

Total, que supongo que me explotaron un poco las expectativas.

lunes, 14 de octubre de 2013

Eggcakes o webochos

Lo tenía pendiente, muy pendiente. Lo ví aquí y pensé "tengo que hacerlo". Es más, tengo que hacerlo y dar el cambiazo. Mi plan consistía en darle el cambiazo a un amigo que solía hacernos tortilla e invitarnos a desayunar después de salir de fiesta, aproximadamente a eso de las 6 de la mañana. Siempre hacía las tortillas con un par de copitas de más. Era la broma perfecta. 

Pero aquellas desayunos se interrumpieron (prefiero pensar eso a decir que se acabaron) por azares del destino. Pero aún así, la idea me seguía dando vueltas por la cabeza, era demasiado buena para dejarla escapar. 

Y después de que otro colega me hablara de un bizcocho de yogur con trocitos (los del yogur, se entiende), decidí reclutar a mi pinche habitual y ponerlo en práctica: Mis eggcakes. O webochos. O la mejor broma jamás pensada.




INGREDIENTES Y RECETA

Vuelvo otra vez a recuperar una receta de hace un par de meses (del verano concretamente) y me doy cuenta de que no la apunté. (¿Dónde están los iconillos con la cara de vergüenza?). Total, que hice estos webochos con una receta de bizcocho ¿pero cuál? Así que voy a improvisar un poco la explicación (lo sientooooooooo). Hacemos una receta de bizcocho (una que os guste), con la peculiaridad que repartimos la masa por la mitad. A una de las mitades le agregaremos un yogur desnatado con trozos de fresa y un poco de mermelada de fresa. A la otra mitad yo le eché yogur desnatado de melocotón y un poco de mermelada de melocotón. Eso es en lo referente a la masa.

La forma de hacerlos es sencilla. A cada uno de los huevos, le hacemos con un palito (yo usé un palo de brocheta de metal), aproximadamente como un meñique de ancho (el mío es pequeño, pero pensad que cuanto más pequeño sea el agujero, más complicado será rellenarlos). No debería ser un proceso complicado, a mi no se me rompió ninguno. Vaciamos los huevos. Pensad que las claras y las yemas de las que nos estamos deshaciendo nos pueden servir (si no todas, al menos, alguna) para la masa del bizcocho. Lavamos un poco con agua. En un recipente hondo echamos agua y sal (a 100 gramos de sal por litro de agua) y dejamos los huevos durante una hora, para quitarles porquería y contenido. Como están vacíos, flotarán, así que los rellenamos con ese mismo agua.

Después de una hora, los secamos bien. Hay que aceitar el interior, para que no se pegue la masa a la cáscara. Pero tampoco nos pasemos, con asegurarnos que las paredes interiores del huevo están bien barnizadas ya está. Lo más laborioso es el proceso de rellenar los huevos. Puede llegar a ser un poco coñazo, al menos hasta encontrar el método. Podéis probar con embudos, con jeringas, con cuentagotas gordotes... no hay truco, el truco es encontrar la fórmula propia para que se haga menos pesado.

Los iremos poniendo en una bandeja de horno. Como muy estables no son (Lo que me recuerda, ¿conocéis la historia de cómo consiguió Colón convencer a los Reyes Católicos para que le dieran toda la pasta para ir a la India? Consiguió que un huevo se mantuviera de pie. Pero eso solo se consigue dando unos golpecitos suaves en una de las bases. Y yo no quería que se estropearan las cáscaras), yo puse papel de aluminio alrededor, para sostenerlos.


La mayoría de recetas de bizcochos llevan levadura, y éstos no son la excepción. Por eso es también importante el agujero, para que no reviente la cáscara. Si la masa consigue sobresalir a través del agujero podemos estar tranquilos.

La cocción debe ser a temperatura algo más suave de lo que haríamos el bizcocho (a unos 120º en vez de los 180º habituales) para mantener contenido y recipiente (las cáscaras controladas).

La prueba del palito podemos seguir haciéndola igual. Una vez los saquemos del horno y antes de que se enfríen por completo, debemos limpiar la cáscara de la masa que se haya quedado fuera. Si la puedes quitar directamente, mejor; si no, con un trapo húmedo.




RESULTADO

Primero quiero enseñaros lo que hice con lo que me sobró de masa (tenía pocas cáscaras de huevo para tanta masa). ¡La convertí en un superosito!


A lo que iba, que es el resultado. A posteriori quizá les hubiera dejado un tiempo más en el horno (pero como siempre me suele pillar el toro). Aunque quedaron jugosos. Mi pinche (y asimismo betatester principal) estaba encantado. Con la masa, que siempre tengo que vigilar que no se la zampe, como con los bizcochos. Estaban jugosos y le parecían originales. La mermelada, además, le da el toque de jugosidad extra (A algunos de los experimentos les eché una cucharada extra para que hiciera betas)

En este punto, tengo que admitir una cosa. Es que al final, la broma se la comió él. Y eso que al día siguiente le avisé, te voy a dar el cambiazo. Se lo dije, pero media hora más tarde, cuando quiso hacerse una tortilla se le había olvidado. Lo gracioso es que cuando cascó el huevo, sin fijarse en el agujerillo de abajo (como podéis ver en la foto, es imposible adivinar cuáles son huevos cocinados y cuáles no), puso cara de horror, no entendía porqué no salía el huevo normal, crudo.

Lo que me pude reír...

¿Adivináis cuál es el webocho? Pues los dos más cercanos al objetivo son falsos huevos crudos






Como se puede ver, éste era de melocotón

Ñaaaaaaaaaaaaaam

PELÍCULA

Una vez más, voy a recurrir a mis escasos lectores para preguntar, ¿qué película me recomiendan para ésta receta? Es que Chicken Run no me hace especial tilín.

lunes, 7 de octubre de 2013

Cumpletarta

Hace ya en agosto fue el cumpleaños de mi hermano. Sí, ese ser que no ha sido muy mencionado por aquí. Y debido a una serie de cosas, le organizamos un día un poco más especial, con dos de las cosas que no pueden faltar en su cumpleaños: chocolate caliente (el de beber. Y si quedó muy espeso os aguantáis, que hice lo que pude) y la tarta de zanahoria legado de mi casa.

Según esa ley que dice que todo puede salir mal, pues salieron mal muchas cosas. La más importante de todas es que entre mi hermana (sí, la que suele aparecer por aquí y ejercer de betatester) y yo nos pusimos a montar la tarta el día anterior de madrugada. Como a las dos. Y eso no puede ser bueno. Fuimos incapaces de encontrar el molde y en un alarde de ingenio de las dos de la mañana, decidí que si me dedico a hacer cupcakes, no veo porqué no puedo hacer la tarta de zanahoria en mini-porciones.

Es la única foto que tengo (aunque prometo que en su momento era más bonita. Y por supuesto, había unas cuantas porciones más

INGREDIENTES (Como para 8 porciones como las de la foto)
- 6 zanahorias
- 1 vaso de leche
- 2 cucharadas colmadas de azúcar
- 225 gr. de coco rallado
- 12 panecillos de leche


RECETA

Pelamos las zanahorias y las ponemos a hervir en una cazuela. Cuando las pinchemos con un tenedor y estén tiernas las sacaremos. No tengo ni la menor idea de cuánto es eso en tiempo, pero algo más de 45 minutos. Con un tenedor vamos machacando las zanahorias hasta hacerlas puré. Reservamos.

Vamos pelando los panes de leche y cada pan lo cortamos en 2 o 3 rebanadas (depende del grosor que queramos darle). Tapamos el culo del molde que queramos usar con las rebanadas de pan de leche, cortando o adaptándolas al tamaño de nuestro molde. En un recipiente hondo que nos permita manejarnos, juntamos la leche y el azúcar. Y con la ayuda de una cuchara vamos mojando o humedeciendo el pan de leche.¿Cuánto? Sobre esto hay discusiones en mi familia. Algunos son partidarios de mojarlo solo para ponerlo tierno, a mi me gusta echarle un poco más. Dependerá de cuán blandengue lo queráis. Hacemos una capa. Con una cuchara o un tenedor aplastamos un poco.

Mezclamos el puré de zanahoria con el coco rallado. Y con esa mezcla ponemos una capa encima de la del pan de leche. Vamos repitiendo el proceso, alternando una capa de bollito o pan de leche con una de zanahoria. Eso sí, tenemos que empezar y acabar con una de zanahoria.

Tenemos que enfriar la tarta o los cupcakes o las porciones en la nevera al menos una hora, aunque lo ideal sería tenerlos en el frigo una hora entera.


RESULTADO

Es una tarta muy fácil de hacer, que no requiere muchos esfuerzo. Tampoco necesita horno. Y es resultona. Además, dentro de las opciones de tartas y repostería variada, probablemente sea de las más sanas. ¡Y comemos zanahorias! 


PELÍCULA

Vuelve la sección de películas, aunque una vez más, voy a ser breve. Mi recomendación de hoy va a ser raruna (también es la última película que he visto). Se trata de una película de zombies. ¿Y dónde está lo raro?

Pues es una película cubana. Sí, de Cuba. Es divertida, gamberra y no hay que tomársela muy en serio. Al menos, no en lo respectivo al género de terror. Es cierto, que a lo mejor al principio hay que adaptar el oído, porque hablan con ese acento cubano tan característico, con unas palabras que se escapan de nuestro conocimiento...

Pero mi recomendación viene dada sobre todo por la crítica socio-política que se esconde detrás. No son zombies, son "disidentes". Sí que voy a dejaros este enlace sobre el periodo especial que ayuda a contextualizar un poco al personaje principal, Juan. La picaresca cubana, la necesidad de sobrevivir, la jeta del protagonista. Un cameo especial. Y sí, un poco de humor zafio en algunas escenas.

Y sin más, os dejo el trailer:



Se llama "Juan de los muertos", un juego de palabras con algunas de las películas de zombies conocidas (Juan of the Dead,resuena a Shaun of the Dead, Sawn of the Dead...). No me voy a quedar con las ganas de agregar: "Juan de los Muertos, matamos a sus seres queridos". Destacar que además, hay una actriz española en la cinta, me soprendi´descubrir a Andrea Duro en ella (sí, la choni de Física o Química).

A disfrutar.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La vida es como una caja de bombones

Hace ya un poco de tiempo que no publicaba un experimento. Y no es que haya estado ociosa, alguno ha ocurrido. Porque sí, señoras y señores, los experimentos ocurren, al menos en mi caso. Aunque una cuarta parte de éste fue planeado. ¿Adivináis cuál?

                                            

Total, que os presento los bombones de chocolate a la naranja, nubes (o jamones), mantequilla de cacahuete y... ¡chocolate de peta zetas!

Chocolate a la naranja
Chocolate relleno de nubes

Los ositos están relleno de mantequilla de cacahuete

Corazones burbujeantes rellenos de peta zetas
En una bombonería había probado la mezcla de chocolate y peta zetas. Quería replicarlo y mi querida amiga en las sombras aceptó una vez más cocinillear. Aunque para ella, sobre todo, era la oportunidad de probar sus moldes de bombones nuevos (por cierto, es adicta a los moldes de bombones)



INGREDIENTES

-1 onza de chocolate x bombón (en el caso del chocolate negro con naranja la tableta ya era así)

Para el relleno:
-mantequilla de cacahuete
-Fluff (el relleno de nubes)
-1 sobre de Peta Zetas (las mías tenían sabor a fresa)


RECETA

En un bol derretimos el chocolate en el microondas. Vamos probando de a poco, no queremos que se queme, y a veces aunque parezca que aún no está derretido revolviendo se ve que tiene la consistencia que necesitamos.

Cubriremos cada huequito de la bombonera. Espachurramos bien cada rincón para que no haya hueco sin cubrir. Solo una capita. Lo metemos en la nevera para que se enfríe. Una vez solidificado en cada hueco pondremos el relleno (yo usé bomboneras diferentes para diferenciar cada uno de los sabores). Respecto a los peta zetas, los echaremos en el chocolate aún sin solidificar. Algunos explotarán, porque su reacción se activa con la humedad, pero no os preocupéis, porque quedarán los suficientes para que sea gracioso meterlos en la boca. 

Luego cubriremos todos con chocolate y a la nevera, o al congelador si no tenemos tiempo. Si el chocolate se ha solidificado demasiado, lo meteremos menos de medio minuto al microondas otra vez.



RESULTADO

Los ositos con mantequilla de cacahuete son geniales, aunque eso sí, si no te va la mantequilla de cacahuete, probablemente no te gusten. A mi, personalmente la combinación me gusta mucho.

Pero la gran estrella eran los de peta zetas, claro. Creo que sorprendieron a mis beta testers. ¡Es que son peta zetas! Y chispean y burbujean en la boca. Probablemente esté un poco loca, pero es que me hace una gracia tremenda.




Y después de esta brevísima entrada, me voy con mis bártulos a otra parte, que tengo cosas que hacer. (Hoy no hay cine)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Breves: AIG 2013

Por segundo año consecutivo participo en el AIG. O lo que es lo mismo, Amigo Invisible Gastronómico. ¿Para qué os lo voy a explicar yo mal y pronto si la organizadora de este año lo ha puesto bien clarito? Pues eso, que este año también me he metido en esta tómbola y ya estoy nerviosa por recibir la persona a la que me toca enviar.

El logo de este año es un diseño de Patricia, Cristina y Jess (la organizadora de este año).

Y bueno, a quien le toque yo, pues decirle que me encanta la repostería, el cine y las series de TV (soy muy fan de The Wire, Glee, Community, Como conocí a vuestra madre, American horror story...), el rol (:S) y la enfermería (que es lo que estoy estudiando. Os dejo un par de cosas que me chiflaría tener:

- Este libro. Me vuelve loca el Cookie Dough.
-Colorantes Americolor o cualquier otro que sea eléctrico
-Chocolate blanco en polvo como éste (*_*)
-Cereales Froot Loops (son taaaaaan americanos, pero oye, que me hacen ilusión)

Con algo de eso sería la chica más feliz del mundo. AIG, te espero. ^^ (Nunca pongo caritas, pero en esta entrada ya he puesto dos... ¡eso es que me hace ilusión!)

miércoles, 14 de agosto de 2013

Curiosidades rumanas

Probablemente los que no vivan aquí, pensarán que la primera parte de este artículo es una tontería como la copa de un pino, pero si vives en un sitio donde éstas cosas no llegan, pues tienen un espacio en mi blog.

La primera parte es una selección fotográfica de las bebidas industriales que encontramos allí y aquí ni sabíamos de su existencia. A mis amigos al principio les chocaba que quisiera sacarle foto a éstas cosas, pero luego, una de ellas, se hizo su propia colección de "leyendas en la Coca Cola". Por eso, mi primera foro es para una que nos hizo mucha gracia:


Ahora sí, vamos con una selección de bebidas, que al menos, a día de hoy no existen aquí. Primero de Fantas:

-Fanta de fresa con kiwi, tiene un toque ácido desconcertante. Le traje una botella a mi hermana, ella dice que le gusta. A mi padre, sin embargo, no le ha gustado (pero no le gustan las cosas raras)



-Fanta de melocotón. A mi ni fú ni fá, pero partimos de que no soy muy fan del melocotón.



-Fanta de uva. Ésta se convirtió en la bebida preferida de una de mis compañeros de viaje. Al principio no sabíamos de qué era. Entre el color y el engañoso sabor dulce, dedujimos que era de fresa (erróneamente) y pensamos que "struguri" estaría relacionado con strawberry, pero no. No fue hasta nuestra visita a la cupcakeria de Brasov que no salimos de nuestro error. Es tan dulce, que la apodamos "jarabe", porque a nuestro entender tenía un aire a los jarabes para la tos que nos daban de pequeños.



En el siguiente apartado están los Nesteas. Fans de esta bebida, muy necesaria con el tiempo de calorazo y bochorno que pasamos. Pero para nuestra sorpresa y regocijo, también tenían cosas raras. A los ya conocidos Nestea de limón o de melocotón se le sumaban el de piña (no llegamos a comprarlo) y los de
-Nestea de frutos del bosque:



-Nestea de fresa y aloe vera. Esto... ¿perdón? Sí, sí, de aloe vera. Prefiero no trascribir palabra por palabra la crítica que se ganó, que puede que este blog no se lea siempre en horario infantil.




Ésta última bebida no entra dentro de las bebidas industriales. Pero es que en Sibiu en una de las terrazas donde comimos, me permití el lujo de pedir algo distinto para beber (quien dice lujo, dice que no le costó más que una coca cola aquí). Es una Pink Lemonade. No es la primera que pruebo, pero ésta estaba especialmente buena, porque al zumo natural (tenía su pulpa y sus pepitas) de limón le habían añadido ¡mora! (Por cierto, la terraza por las noches se trasformaba en un piano bar con jazz en directo).


Siguiendo con Sibiu, por desgracia se ha extraviado la foto que saqué de los helados de Sibiu. Probablemente anden cerca de ser los mejores helados que he probado nunca (desde luego, el de coco lo era) y los colores eran potentes y vistosos. El de limón, por ejemplo, no era el típico sabor de heladería, tenía el toque ácido de un limón de verdad.


En la segunda parte de este artículo quiero hacerles un pequeño sitio a platos típicos rumanos. Lo primero de todo hay que pensar que Rumanía es aún un país en desarrollo, que ha tenido problemas de producción propia (incluida la alimentaria) y que por tanto, durante mucho tiempo la carne ha sido un producto casi de lujo, lo que hace que en los platos más típicos rumanos no aparezca. (Después la gastronomía rumana ha ido pillando influencias de la alemana, de la húngara, de...)

Es muy típico una especie de torta esponjosa que se llama Mamaliga. La de la imagen la pedimos en Brasov, pero supongo que cometimos el error del guiri de comer en las terrazas turísticas (porque si buscas calidad, suele ser mejor buscar otros lugares). Volví a pedir una en Targu Mures (hecha de otro estilo) y le daba cien vueltas a ésta. Es una especie de talo, pero en tocho, que suele ir acompañado de queso suave o yogur.



Para acabar la colección fotográfica os dejo una pieza de repostería. Unos crepes a la Brasov (sí, los pedimos en Brasov). Lo de arriba es una crema agria de yogur (personalmente creo que encaja maravillosamente con el dulce del crepe) y están rellenos de una crema de limón. A mi me supieron a un trozo de cielo.


Siento no tener fotos de la maravilla gastronómica que encontramos en Sibiu, una pequeña bodega (ninguno de los cuatro bebíamos vino). El mejor acierto fue el de mi compi de viaje, que pidió un tipo de carne parecido a la carrillera con una salsa que entre otras cosas, llevaba canela. El contraste era maravilloso. Y además, la cuenta te la traían en un cofrecito. Personalmente opino que hubiera ganado aún más si nos hubieran hecho enterrarlo, para acabar de dar ese toque medievalesco. ¿Las pegas? Que no recuerdo el nombre del sitio y que no tenían bebidas comerciales (nada de Coca Colas o de agua normal, que por cierto, tenía un sabor horrible la que servían allí).

Por lo demás, la comida rumana es por lo general demasiado especiada y con tendencia a lo picante. No pidáis nada que en su nombre lleve Vlad Tepes o Drácula, porque además de ser una engañifa para turistas, picará. Y mucho. Maldita cebolla picante.

No pensaba poner una película, pero creo que hay que necesito dejar el trailer y su review acompañará a la siguiente receta.

lunes, 12 de agosto de 2013

Orasuli Transilvania: Desde el corazón de Rumanía

Acabo de regresar hace poquito de un viaje por Transilvania, Rumanía. Y las secciones inaguradas de los blogs deben tener más de una entrada, así que parece el momento de añadir una nueva a las reseñas de cupcakes por el mundo.

Antes de ir para allá, estuve mirando por Internet. Una de las ciudades que visitamos, era más o menos importante, y contaba entre sus casitas con una tienda de cupcakes, "Happy Cake". Allí descubrí que existen más tiendas dedicas al mundo de las tartas (solo las vi pasar tristemente a través de las ventanas del autobús) pero creo que es la única que vende cupcakes, que es lo que a mi me interesaba. Tiene cierto nombre en la ciudad, porque en el casco antiguo de la ciudad (que es además, la zona turística) algunos de los cafés sirven los cupcakes de esta tienda.

Está cerca del centro y se puede ir andando tranquilamente. Está en el bajo de una casita y el rótulo se puede ver perfectamente.

Es bastante evidente a qué se dedica, ¿no?


Desde fuera parecía bastante chiquitita y efectivamente no es muy grande.



Tengo que reconocer que lo primero que me llamó la atención es que no fuera rosa. Me leo y hasta a mi me suena ñoño. Y hardcore. Pero tengo comprobado que la mayoría de estos sitios están decorados en tonos pastel, sobre todo rosa o azul. Probablemente se deba a que las personas que se dedican a este tipo de hobbies convertidos en negocio (porque sí señoras y señores, son un negocio) tengan el alma un poco de color rosita y azulón. Mucho azúcar en vena y en la forma de ser. Y aunque no voy a negar que soy partidaria del rosa, agradezco que sea más cañero. Total, que un punto positivo a que sea verde.

El sitio en sí es pequeñito pero cuco (sacadme el azúcar de las venaaaas). Pero tiene un gran y enorme pero. No tiene sitio para sentarse. No hay mesas o sillas. No es un sitio para tomar algo. Es para llevar, sin posibilidad de quedarse allí. El sitio es poco más grande que lo que veis en la foto. Creo que lo único que no ha quedado retratado en esa foto es una pequeña neverita con refrescos.

Otra de las cosas que eché en falta, quizá acostumbrada a otros sitios de cupcakes, es la falta de cosas en venta. Quiero decir, había cupcakes. Pero no había ingredientes o herramientas, o revistas de repostería.



No tengo ni idea de cuánto tiempo tiene la tienda (he intentado mirar un poco la web, pero mi rumano es más bien inexistente) pero sí es cierto que me pareció un poco pobre.

Nos atendió una chica muy agradable. Le agradezco los esfuerzos que hizo para hablar en castellano (evidentemente los carteles de los cupcakes estaban en rumano) y/o en inglés. No sabía explicarnos de qué era uno de los cupcakes y buscó una imagen en google con su ordenador para que pudiéramos verlo. Para la chica un 10. Un servicio genial.



Sé que atienden pedidos corporativos (viene en su web) y para bodas (se nos coló una pareja que encargó varias cosas, a saber qué, y que además se llevó el macaron que yo quería).

Además de los cupcakes también tenían galletas (aunque no las recuerdo especialmente vistosas), macarons y cake pops:

Yo quería el azul, y se lo llevó la chica que se nos coló, así que me quedé sin probarlos :(

Los cakepops quedaban chulos
La chica suspiró aliviada cuando vió que sabía qué eran los cakepops y que yo misma se lo explicaba a mis acompañantes. Es que hay cosas que son complejas de explicar cuando existen barreras idiomáticas...

Fuimos a eso de las 6 de la tarde (el local cierra a las 8) y los que quedaban estaban metidos en estas baldas-frigorífico:




Soles sonrientes

Después de mirarlo todo mucho, convocar un cónclave, pegarnos con el idioma y deducir sabores; decidimos coger una caja de cuatro (uno para cada uno) y un cakepop. 4 era un buen número, porque tenían cajas para 4, cómodas para llevar.



Del cakepop hay que decir que era de tamaño XXXL, un poquito descomunal (yo quería el rojo, pero la chica que se llevó mi macaron azul también se llevó el rojo):

Debo decir muy a mi pesar, que la mejor definición para esto es "mono"


No sabría opinar sobre el precio, porque Rumanía es un lugar donde las cosas son baratas si lo comparamos con esto. Cada cupcake salía como a euro y medio (y señores, eso en el standard de cupcakes es muy barato, ¿pero lo es para la media rumana?). Aunque sí puedo decir que para mi bolsillo, me resultó barato.

Ahora, una vez que nos hemos puesto en contexto (joder qué tocho ha sido el contexto), entremos a reseñar y valorar lo que realmente importa, los cupcakes.

El primero de todos es el que yo elegí, de fresa, que aprendimos es Capsuni (con algún acento en alguna parte, pero no recuerdo cómo). La presentación es bonita, en tonos rojos con la mariposa y el papel a juego:



Le pego un mordisco, primero por separado, luego a la buttercream y al bizcocho junto.


Desgraciadamente, tengo que decir que esperaba más. El bizcocho está bueno y no es pesado. Pero ay la crema de mantequilla... Densa, con sabor a mantequillazo y a fresa sintética. Le quito la mariposa, porque además, el fondant no me convence... Me acabo el cupcake a duras penas pensando que al menos, he probado otro.

Un poco desilusionada, voy pidiendo que me dejen probar los suyos a mis amigos. El siguiente que pruebo es el de la carita sonriente, de melón (que se dice pepenne galbe). Ésta vez el bizcocho es de chocolate. Parece ser que el sabor diferenciado de cada cupcake se limita a la crema de mantequilla. El bizcocho es algo más denso, pero sigue estando bueno. Y la crema es algo mejor, más suave, pero con un toque a melón de chicle. El problema, además, es que no me gusta el melón, y menos el de gominola.



Sigo probando una pizquita. El siguiente es el de Oreo. La chica nos dijo que era la especialidad, el que más le gustaba a ella. Y además costaba medio leu más (como 12 céntimos de euro más). Cuando lo pruebo, es, sin ninguna duda, el mejor con diferencia. El bizcocho vuelve a ser de chocolate, exactamente igual que los otros que llevan bizcocho de chocolate. Lleva una oreo al fondo y ésta vez, la buttercream es aceptable. La recomendación está bien hecha.


El último que pruebo es el de plátano. El bizcocho de chocolate es el mismo que en los otros. Pero cuando pruebo la buttercream... ¡Sabe a unicornio de plátano, bananaaa! El sabor a gominola extradulce de plátano es excesivo. Me quedo demasiado empachada para comprobar si probándola junto a un poco de bizcocho el susto inicial no sea tan grande.


Por último probamos nuestra piruleta, el cakepop. Antes de hincarle el diente pienso que es excesivamente grande, lo que se ve confirmado cuando descubro que es extremadamente dulce. Tiene excesivo azúcar. Todo el azúcar de colores que lleva por fuera hace que cruja demasiado, cosa que a mis acompañantes no les gusta nada. Yo iba mentalizada para ello, pero sí, puede que cruja demasiado. El relleno no está mal. Pero la opinión general es que no merece la pena.

Lo cierto es que siento que mi opinión no sea excesivamente buena, sobre todo después del genial trato. Pero estoy intentando ser objetiva. En otro orden de cosas, os dejo una última foto antes de la promesa de otro post sobre Rumanía.




Ésta soy yo mirando arrobada los cupcakes. Disfrutad, porque es la primera vez (y posiblemente la última que aparezca por aquí)